sábado, 22 de julio de 2017

Mía Sánchez, 11 años-Argentina/Julio de 2017

Mía Sánchez     11 años

Zion Pascalli, 6 años-Argentina/Julio de 2017

Zion Pascalli     6 años

Iris Sánchez, 9 años-Argentina/Julio de 2017

Iris Sánchez       9 años

Iván Villafañe-Argentina/Julio de 2017



SONIDOS...
Ondas transmitidas,
sonidos universales...
intento comprender el universo
como un todo de dios.
Mis pensamientos se alteran
por la esfera de los sonidos,
aquellos futuristas
que interactúan ecológicamente
con aquel ambiente.
Ellos están conspirando,
me ven a mí, me controlan.
Los otros me ven,
todos como observadores.
Ellos ya están del otro lado,
sopla el viento,
me dice que valla hacia la visión,
me siento un buscador
resolviendo el laberinto.
Se abren nuevos juegos,
descontrol, desborde de ansiedad, guerra.
Día a día,
mareada mi mirada,
palabra, versus, palabra,
cultura, versus, religión,
expresión, versus, control.
Cambian los sonidos...
nuevos pensamientos.

Génesis Sánchez Díaz-Ecuador/Julio de 2017






EL QUERER

Buscando en el jardín que tenía cerca
encontré rosas tupidas y hermosas,
flores coloridas y juguetonas,
gardenias blancas y coquetonas.
Encontré arbustos frondosos y altos,
pinos robustos y largos
y otros no tan altos.
Quedé maravillada de la variedad ante mis ojos,
pero tu eres una rosa sin espinas
y toda aquella belleza fue opacada
por tu oscuro color.
No eras una rosa cualquiera, eras la rosa que yo hallé...
y aún busco la respuesta a la pregunta que me hice ese día
¿Por qué llamaste mi atención siendo tan simple
y teniendo un edén a mi alcance?
No tiene sentido....
te quiero sin sentido.
El querer no es completamente un sentimiento
para mí, no.
 

Victoria Rodríguez-Argentina/Julio de 2017



NO ERA INVIERNO

En el bolsillo de un saco de piel
que no usé nunca,
encontré tantas heridas de mi ser
que no vi antes.
No me acuerdo porque lo compré
para no usarlo,
pero tiene tantas arrugas...
y vivió colgado.
En un instante frío
me sentí desnuda
y no importaban las arrugas,
quería abrigarme.
El saco era tan grueso
como un pelaje,
pero helada me sentía
y no era invierno.
Eran las angustias,
los recuerdos...
eran las caricias
y los silencios
que tenía ese saco
que nunca usé.