sábado, 22 de febrero de 2014

Rolando Revagliatti (Cuento)-Buenos Aires, Argentina/Febrero de 2014



Mentando a Julio


 Yo andaría en mis 18 años cuando asistí a un espectáculo poético cuyo único intérprete era el poeta Julio Huasi, porteño, nacido en 1935 y suicidado en 1988. Hasta donde me consta, algunos de sus poemarios editados entre 1959 y 1985, son: “Sonata popular en Buenos Aires”, “Yanquería”, “Los increíbles”, “Sangral América”,  “Asesinaciones”, “Matria mía azul”, “Comparancias”. Y es en 1958 cuando obtiene el premio de poesía en el Concurso Literario organizado por el Consejo Argentino de la Paz, cuyo jurado integraban Atilio Dabini, el premio Nobel Miguel Ángel Asturias, María Rosa Oliver, Bernardo Verbitzky y Raúl González Tuñón, del cual transcribo unas líneas: “...intención crítica, ironía, tras la aparente baladronada juvenil. Es posible que algunas palabras vulgaricen la frase poética, rocen el mal gusto (...) Esto no supone que no sean lógicas cuando ambiente y forma las justifique, les asigne un valor funcional”.

En el “Nacional” de Caracas afirmaba el pope cubano Nicolás Guillén que Huasi era el único poeta a quien le cabía en plenitud la denominación, hace varios lustros, todavía prestigiosa, de juglar.

Coincido con quien asentaba que Huasi provenía de una tradición de grandes voces líricas –como Carriego, José Portogalo, Nicolás Olivari-. Y que su poética está plagada de hallazgos. Funda humanería, estrellea, tragibundo, gardelaire, contramor, etc.

Su admirador en Francia, Julio Cortázar, le escribió en noviembre del ’81: “Querido tocayo: (...) Te imaginás lo que siento al leer “Asesinaciones”, lo que puede sentir un argentino ante cada uno de esos poemas. Y digo cada uno porque es así, porque no hay ni uno sólo que salga de esa línea espantosamente lúcida (...) ¿Quiénes entenderán esto, a partir del título que ya es un salto en lo nuevo? ¿Quiénes tendrán el coraje de sacarse los pantalones del cerebro y los calzoncillos de la tradición para ver cómo lo estás metiendo en una dimensión diferente?” Y poco más de un año después desde Managua, le escribió: “Querido tocayo: (le dije a) que tu libro era para mí el más importante libro de poesía argentina de todos estos últimos años, ya que el avance que hacías en él, en el terreno de la escritura y la desescritura tenía un tal alcance (...) sin hablar de los incapaces de acercársete ni de lejos a ese nivel de poesía”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias Rolando . Por el regalo de darnos a conocer a un genial poeta.

Abel Espil