jueves, 21 de mayo de 2015

Mario Alejandro Garay-La Plata, Argentina/Mayo de 2015



Telba

“A las veteranas, ojeras de las miradas cancinas, se las lleva el agua dulce de los ríos sonrosados”

Marroco de miradas entumecidas, jarro de mate cocido amargo. Buñuelos con pasas de uvas, pan casero con chicharrón, tortas fritas con ralladura de limón y arroz con leche con canela. Domingo pasta fresca amasada por mi abuela Telba con salsa de pimentón dulce y extracto de tomate concentrado.

Cuando el crepúsculo vespertino azul marino le pone el pijama al crepúsculo rojisonaranja mi abuela Telba prepara el mate, tosta rodajas de pan negro y sobre la mesa de construcción artesanal la mantequera espera el filo del cuchillo mocho. Mientras tanto a través del ventanal de color chocolate mira desfilar al tiempo disfrasado de serias personas y payasescas caras de la muerte. Disfrazados de buenos, malos, lindos, feos y de miles de caretas de la vida farsa. Al final del día fatigoso Telba recoge su maleta de carne, hueso y parte hacia el barrio San francisco por el aire, el mar, cojeando, en muletas, en silla de ruedas a tracción a sangre.

Trapos viejos. Piel curtida de las manos de mi abuela Telba. Mujer guapa, coqueta y farolera. Indomable, rebelde. Amor imposible para los engominados guapos del 900. Telba, mi abuela. Madre de ocho hijos y su figura casi perfecta. Mabel, negrita, mari, beti, Rodolfo, Oscar, Bernardo y Antonino.

Ollas negras, tiznadas por el amor, de las llamas crudas, del mechero ahogado del calentador. Azul marino del mechero, fiel al corazón, bueno de ama de casa de Telba.

Barrio San Francisco. Barrio querido por mi abuela Telba. Hijos, nietos, nuera y el corral de gallinas coloradas al fondo del terreno. A mi abuelo paterno yo no llegué a conocerlo. Tampoco conocí a los abuelos maternos. Los recuerdos que tenía de ellos me lo construía mi mamá en las reuniones de anhelos.

Trapos viejos. Pañuelos de cuellos. Mi papá Rodolfo trabajaba en el ferrocarril Gral. Roca. Yo y mis doce hermanos quedábamos al cuidado de mamá Rosa. Insobornable madraza criada a puchero de caracú, sopa de polenta y leche de vaca pura. El plan de viviendas para familias numerosas del ferrocarril Gral. Roca nos benefició con una vivienda en la Ciudad de La Plata, Buenos Aires, Argentina. En Enero de 1983 nos instalamos en el nuevo hogar. La abuela Telba se quedó en su rancho del barrio San Francisco acompañada por su hijo menor, el perro Chichón y las gallinas coloradas.

Trapos viejos. Retazos de miradas pobres. Guisos elaborados a leña por las manos sabias de Telba. Platos sabrosos de vapores cariñosos de la abuela para el nieto. Ejércitos de manos obreras comandadas en la cocina por Telba, mi abuela.

“El Roble es fiel a su madera como el tiempo al viento”

Juana Etelbina Mazzencio nació el 13 de Mayo de 1915 en la Ciudad de Las Flores, Buenos Aires, Argentina y en la frontera de las mujeres guerreras cayó derrotada por el siglo nuevo. Murió a los 82 años y en su larga formación de ama de casa nunca nadie pudo vencerla.

Trapos viejos hechos de géneros de lienzo. Siglos miserables y venales. Ancianas lluvias de calendarios maternos, venas abiertas de la Madre Tierra. Arrugas de tierra arada, labranza de manos santas. Inolvidables momentos del pibe criado en el barrio San Francisco por el inherente amor salvaje de mi madre Rosa y el amor incondicional de Telba, mi abuela.

“A los veteranos, trapos viejos, se los lleva el tiempo sabio del reloj biológico” Tic-tac.

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