sábado, 21 de mayo de 2016

Isidoro Gómez Montenegro-México/Mayo de 2016



Exilio


Desde éste exilio de cemento
las plantas de mis pies sobreviven a la espera
en orillas del taciturno  lugar
de raíces que se disuelven en pétalos…
algas, se confunden con mis dedos,
verde pasto de un día bello.
Luz… flama, lugar inimaginable,
caminan ante mis pupilas midriáticas,
en ardiente procesión.
Sin pudor, tocándose el  sexo núbil van las mujeres,
el viento levanta sus túnicas transparentes
entre su entrepierna se reflejan mariposas negras.
Con desdén, cubren sus partes pudendas,
sus senos de doncellas, son pequeñas castañas.
Mueven sus brazos al caminar…
llevan el silencio en los labios,
 gestos y ademanes las nombran.
Soy invitado honorario
del atardecer, declina el día.
Testigo de la procesión,
presiento que se dirigen a la ciudad impura
donde no hay sábanas ni sirgos que las cubran.
Llamaré a cada una por su nombre
para purificarlas con el vaho de mi aliento.
¿A dónde van las mujeres semidesnudas?
A la ciudad a:
Petrificar las hazañas olvidadas, deambular…
Apresurados corazones que laten.
Avinagrado, ácimo,
mujeres con deplorable hálito
y poca conciencia.
Pronuncian la palabra sí, con los ojos irisados.
Buscan obtener la absolución del pecado,
 las rinde al final del día.
pasan horas en su ascender ineluctable…
llega la noche.
Rendidas, perdurará siempre en mis pupilas
la visión que me ofrecieron.
La sombra llegará
cubrirá el panorama.
Tendré la duda…
¿Las mujeres de sexo hermoso
fueron perdonadas?



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